Dios no puede ser tentado. Jesús fue tentado. Por lo tanto, Jesús no puede ser Dios.

  • “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.” (Stg 1:13).
  • “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (He 4:15).

Esta objeción es un poco más difícil de responder que las otras objeciones relacionadas con la deidad de Cristo ya que ésta trata con un área de la Escritura que no es explícitamente clara: la relación entre las naturalezas divina y humana de Jesús. Vemos que Jesús tiene dos naturalezas como se muestra en el siguiente cuadro; pero cómo están estas relacionadas no lo clarifica la Escritura:

Jesús como una persona con dos naturalezas

DIOS HOMBRE

Él es adorado (Mt 2:2, 11; 14:33; 28:9)
A Él se le adora (Hch 7:59; 1 Co 1:1-2)
Él fue llamado Dios (Jn 20:28; He 1:8)
Él fue llamado el Hijo de Dios (Mc 1:1)
Él es sin pecado (1 P 2:22; He 4:15)
Él sabia todas las cosas (Jn 21:17)
Él da vida eterna (Jn 20:28)
En Él habita la plenitud de la Deidad (Col. 2:9)

Él adoró al Padre (John 17)
Él le oró al Padre (Jn 17:1)
Él fue llamado hombre (Mc 15:39; Jn 19:5)
Él fue llamado el Hijo del Hombre (Jn 9:35-37)
Él fue tentado (Mt 4:1)
Él creció en sabiduría (Lc 2:52)
Él murió (Ro 5:8)
Él tiene un cuerpo de carne huesos (Lc 24:39)

En las Escrituras podemos ver que la naturaleza humana de Jesús nunca existió aparte de la unión con Su naturaleza divina. También vemos por lo que dicen las Escrituras que Dios no puede pecar y que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. (Jn 1:1, 14; Col 2:9). Por lo tanto, ya que conocemos que Jesús fue divino, podemos fácilmente concluir que no era posible que Jesús pecara. De otro lado, Jesús fue verdaderamente un hombre. Por lo tanto, es justo decir que Jesús pudo haber sido realmente tentado. Pero la pregunta continúa: ¿si no era posible para Jesús el haber pecado, cómo entonces pudo ser verdaderamente tentado? Yo no sé si la respuesta que tengo sea suficiente; pero de todas maneras, se la ofreceré.

La primera pregunta sería: ¿es posible que Dios sea tentado? Sí. Es posible. El Salmo 106:13-15 dice: “Bien pronto olvidaron sus obras; No esperaron su consejo. 14Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto; Y tentaron a Dios en la soledad. 15Y él les dio lo que pidieron; Mas envió mortandad sobre ellos.” Aquí, la palabra Hebrea para “tentar” es “nasaw.” De acuerdo al Diccionario Ampliado de Strong, ("Enhanced Strong’s Lexicon") ésta palabra significa “probar, tratar, demostrar, tentar, ensayar.” La Versión King James dice: “…y tentaron a Dios en el desierto.” La Nueva Versión King James dice: “…y probaron a Dios en el desierto.” Podemos ver por lo tanto, que Dios “fue tentado en el desierto.” Esta tentación en sí, no niega de ninguna forma la divinidad de Dios Mismo.

En el Nuevo Testamento, cuando Jesús en Mateo 4 es tentado, la palabra en el Griego es “peirazo”. Una vez más y de acuerdo al Diccionario Ampliado de Strong, ("Enhanced Strong’s Lexicon"), ésta significa:

tratar de ver si una cosa puede ser hecha, 2) tratar, hacer una prueba de, examinar, con el propósito de establecer su cantidad, o lo que él piensa, o cómo él mismo se comportará; 2c) tratar o probar la fe de alguien, virtud, carácter, con el incentivo para pecar.

En ambos casos podemos ver que era Dios quien estaba siendo probado. En el Antiguo Testamento, Dios estaba siendo puesto a prueba en el desierto de la misma forma como Jesús en el Nuevo Testamento estaba siendo tentado (colocado a prueba) en el desierto. Esta tentación puede ocurrir sin que Dios peque. Aún más, esta tentación, esta prueba, no es un reto a la Deidad de Cristo ni tampoco lo fue para la divinidad de Dios en el Antiguo Testamento.

Recordemos además que todo lo que Jesús hizo, lo hizo mirando al Padre. Jesús dijo: “…De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.” (Jn 5:19). En Juan 5:30, Jesús dice: “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.”

En Mateo 12:22-32, Jesús estaba echando fuera demonios. Los Fariseos lo acusaron de hacer esto por el poder del maligno. Jesús les reclamó a ellos diciéndoles que la blasfemia contra el Espíritu Santo no sería perdonada. ¿Por qué dijo esto? Jesús lo hizo porque ninguno de Sus milagros fueron hechos debido a Su naturaleza propia divina sino a la de un hombre que trabaja a través y en sujeción al Espíritu Santo que habitaba en Él. Por lo tanto, Jesús estaba echando fuera demonios por el poder del Espíritu Santo. Los milagros de Jesús empezaron después de Su bautismo, cuando el Espíritu Santo descendió sobre Él.

Jesús vino como hombre para poder cumplir la Ley de Dios y ser el sacrificio para el pecado. Él hizo esto como un hombre. Cuando Él resistía las tentaciones del maligno, citaba las Escrituras como un hombre. En ese momento Él no dependía de Su “lado” divino para salir adelante. Lo contrario; Él dependía totalmente del Padre, del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para resistir exitosamente las tentaciones que llegaban a Él.

Concluyo por lo tanto, con base en las Escrituras, que Jesús no pecó, sino que fue tentado; esto es, a Él se le pudo presentar una opción para pecar; como le fue presentada a Dios en el desierto; pero no pecó.

 

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