El Mormonismo al Descubierto: Testimonios de Abigail Harris y Lucy Harris (La esposa de Martin Harris)

Palmyra, Condado de Wayne, N. Y., Mes Undécimo, 28, 1833

En 1828, al inicio del invierno, hice una visita a Martin Harris y fui en compañía de Jos. Smith, sen., y su esposa. El tópico de conversación era, el así llamado, negocio de la Biblia de Oro, al cual le puse particular atención para que pudiera aprender la verdad de toda esta cuestión. Ellos me dijeron que el reporte de que José, hijo, había encontrado planchas de oro, era verdadero, y que él estuvo en Harmony, Pa., traduciéndolas; que tales planchas existían  y que José, hijo, debía obtenerlas, que le fue revelado a él por el espíritu de uno o los Santos que estaba en este continente, antes de que fuera descubierto por Colón. La vieja Sra. Smith observó que ella había pensado que él era un Cuáquero, ya que estaba vestido con telas muy lisas. Ellos entonces dijeron que las planchas que él tenía en posesión eran sólo una introducción a la Biblia de Oro; que todas estas sobre las cuales la Biblia fue escrita, eran tan pesadas que tomaría a cuatro hombres robustos cargarlas en una carreta; que José también había descubierto al mirar a través de su piedra, el recipiente en el cual el oro fue fundido y desde el cual las planchas fueron hechas, y también la máquina con la cual éstas fueron enrolladas; él también descubrió en el fondo del recipiente tres bolas de oro, tan grandes como su puño. La anciana dijo también, que después que el libro fuera traducido, las planchas irían a ser exhibidas públicamente; cobrando 5 centavos por entrada. Ella calculó que esto traería anualmente una suma enorme de dinero y que ese dinero sería entonces muy abundante, y el libro también sería vendido por un gran precio, como si éste fuera totalmente nuevo; que a ellos se les había ordenado obtener todo el dinero que pudieran prestar para la necesidad actual, y después repagar con oro. El resto era para mantenerlo en reserva para el beneficio de la familia de ellos e hijos. Esto y la conversación como ésta me detuvieron hasta alrededor de las once en punto. Temprano, a la mañana siguiente, el misterio del ser Espiritual como yo mismo (uno de la orden llamada Amigos), fue revelado por la siguiente circunstancia: La anciana me llevó a otro cuarto, y después de cerrar la puerta, dijo: “¿tiene Usted cuatro o cinco dólares en dinero que me pueda prestar hasta que nuestro negocio sea terminado? El espíritu ha dicho que Usted lo recibirá cuatro veces multiplicado.” Le dije a ella que cuando yo doy, no esperaba recibir otra vez; y que en cuanto a dinero, no tenía para prestar. Entonces le pregunté a ella cuál era su necesidad particular de dinero; a lo que contestó: “José quiere tomar la etapa y venir a casa desde Pennsylvania para ver cómo somos todos.” A lo que respondí que él podía mirar en su piedra y ahorrarse su tiempo y dinero. La anciana pareció confundirse y  abandonó el cuarto, y así terminó la visita.

Dos meses después,  Martin Harris y su esposa estuvieron en mi casa. Ella comentó en una conversación acerca de los Mormonitas, que ella deseaba que su esposo los abandonara ya que creía que todo esto era falso y un engaño. A lo que yo escuché la respuesta del Sr. Harris: “¿Qué si es una mentira? ¡Si me dejas sólo haré dinero con esto!” Como testigo yo fui tanto un oído como un ojo de lo que he declarado anteriormente, lo cual está ahora fresco en mi memoria, y se lo daré al mundo para el bien de la humanidad. Hablo la verdad y no digo mentiras, Dios que me sostiene es mi testigo.

ABIGAIL HARRIS

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Lucy Harris, esposa de Martin Harris

Palmyra, Nov. 29, 1833

Siendo llamada para dar al mundo una declaración de lo que yo sé con relación a la Biblia de Oro; pura especulación, y también o con relación a la conducta de Martin Harris, mi esposo, quien es un personaje líder entre los Mormones, lo hago libre de prejuicio entendiendo que debo dar un registro delante de Dios por lo que digo. Martin Harris fue una vez un trabajador laborioso atento a sus asuntos domésticos, y pensando en ser merecedor de diez mil dólares. Él es naturalmente rápido en su temperamento y en sus locuras él abusa frecuentemente de todos aquellos que puedan atreverse a oponérsele en sus deseos. Sin embargo, por extraño que parezca, he sufrido mucho por su conducta irrazonable. En diferentes momentos y mientras viví con él, me azotó, me dio patadas y me echó de la casa. Aproximadamente un año antes de que este reporte fuera levantado y que Smith hubiera encontrado las planchas de oro, él se volvió muy íntimo con la familia Smith, y dijo que creía que Smith podía ver en su piedra todo lo que deseara. Después de esto, aparentemente se volvió muy optimista en su creencia y con frecuencia dijo que no tendría en su casa a nadie que no creyera en el Mormonismo, y debido a que yo no le daba crédito al reporte que hizo acerca de las planchas de oro, él se volvió más austero conmigo. En uno de sus arrebatos de ira él me golpeó con el extremo de una barra o un látigo, lo que creo que fue usado para dirigir a bueyes, y aproximadamente era de grueso del tamaño de mi pulgar y de un metro de largo. Me golpeó en la cabeza cuatro o cinco veces y al día siguiente me echó a la calle dos veces y me golpeó de una forma vergonzosa. Al siguiente día fui al pueblo de Marion, y mientras estuve allá mi carne se tornó negra y azul en muchos lugares. Su queja principal contra mí era que yo siempre estaba tratando de dificultar su forma de hacer dinero.

Cuando descubrió que iba a la casa del Sr. Putnam en Marion, él dijo que también iba, que ellos habían mandado por él para cumplirle con una visita que estaba pendiente. Al llegar a la casa del Sr. Putnam, les pregunté si habían mandado por el Sr. Harris y respondieron que no sabían nada acerca de esto; sin embargo, él llegó antes del anochecer.

La Sra. Putnam le dijo a él que nunca más me golpeara o abusara de mí; él, entonces negó diciendo que nunca me había golpeado; sin embargo, ella estaba convencida que había mentido, ya que las señales de su golpiza simplemente se podían ver, las cuales permanecieron en mi cuerpo por más de dos semanas. Si la religión Mormona es o no verdadera, dejaré que el mundo lo juzgue, ya que los efectos sobre Martin Harris lo han hecho a él más contrariado, turbulento y abusivo contra mí. Todo su objetivo era hacer dinero con la religión. Tendré una circunstancia para probarlo. Un día, mientras estaba en la casa de Peter Harris, le dije a él que lo mejor que podía hacer era dejar a un lado tanto la compañía con los Smiths, como la religión de ellos, la cual era falsa; a lo que me respondió, que si lo dejaba sólo, él podía hacer dinero por medio de la religión.

Es en vano que los Mormones nieguen estos hechos; ya que son bien conocidos por la mayoría de sus antiguos vecinos. Ahora, el hombre más bien se ha convertido en objeto de lástima; ha perdido  la mayoría de su propiedad así como la confianza de sus antiguos amigos. Si hubiera trabajado duro en su granja de la forma como lo hace con los Mormones, él podría ser ahora uno de los granjeros más ricos del país. Él pasa ahora su tiempo viajando a través del país difundiendo el engaño del Mormonismo sin importarle para nada su familia.

Con relación a que el Sr. Harris ha tenido intimidad con la Sra. Haggard, como ha sido reportado, la única justicia que tengo, es declarar qué hechos han llegado a mí por propia observación, para mostrar si yo tuve base alguna para estar o no celosa. El Sr. Harry fue muy íntimo con esta familia antes de que ellos salieran para Ohio. Ellos vivieron por un tiempo en una casa la cual él les había construido para alojamiento de ellos, y aquí él pasó la mayoría de sus horas en su tiempo de descanso; y le hizo a ella regalos de artículos del almacén y para la casa. Él llevó estos regalos de forma privada y con frecuencia, cuando él se encontraba allá, él pretendía que iba donde algunos de los vecinos, en una diligencia, o que iba a los campos.

Después de que se perdía de vista de la casa, él se dirigía directamente a la casa de los Haggard, sobre todo si Haggard estaba en casa. Las veces que Haggard se encontraba en casa, se dirigía hacia allá de la manera antes descrita y permanecía hasta las doce de la noche o una de la madrugada y algunas veces hasta la luz del día.

Si sus intenciones fueron malvadas, el Señor lo juzgará a él en consecuencia, pero si eran buenas, él no dejará que su mano izquierda sepa lo que su mano derecha hizo. Afirmo que la declaración o hechos anteriores son verdaderos.

LUCY HARRIS.

 

Este artículo también está disponible en: inglés.

 

 

 

 
 
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