Mi experiencia como Musulmán

Antecedentes Generales: Nací y fui criado en un país Árabe-Musulmán. Mis padres y sus antepasados fueron Musulmanes por generaciones. Cuando nací, mi padre me llamó como su antepasado, el profeta Mahoma. Crecí en un ambiente Islámico en todo sentido, rodeado por Musulmanes. Asistí a colegios públicos tanto en la primaria como en el bachillerato, los cuales eran pro Islámicos como la universidad. Durante mi crecimiento y educación, recibí una buena dosis Islámica balanceada en cada nivel. Cuando llegué a la adultez, era un típico Musulmán, el cual tenía tremendo fervor por su religión y cultura. Estaba muy orgulloso de mi identidad, hasta el punto de mirar con desprecio a aquellos que no eran Musulmanes. Obviamente, era anti Occidental (en cuanto a los Cristianos y al Cristianismo) se refiere y lógicamente, me habían enseñado a odiar a los Judíos. Mis encuentros con Cristianos tenían tremendo impacto en mi vida; tanto positiva como negativamente. Sin embargo, estaba decidido a continuar siendo Musulmán.

El Primer Fracaso: Después de graduarme de la Universidad y trabajar como empleado por un tiempo, inicié mi propio negocio usando el dinero de la herencia de mi padre. Manejando mi propio negocio no fue ni fácil ni placentero. Mi falta de experiencia en el comercio hizo que el éxito fuera difícil. Con el tiempo mi negocio fue a la bancarrota y acumulé deudas que no podía pagar. Entendí que pronto terminaría en la cárcel y nadie me rescataría. Para evitar este desastre y lo obtenido por mi fracaso, decidí vender todo lo que podía y desaparecer de la vista de los demás. Mi plan era permanecer oculto hasta que pudiera recobrarme, de lo contrario, nunca podría regresar a casa. A través de mi experiencia en el trabajo y de mi primer negocio pude aprender lo que ni el colegio ni la universidad pueden enseñar. Aprendí acerca de la realidad de la sociedad y de la vida. El fracaso de mi primera experiencia en los negocios me hizo mucho daño y me causó gran pena. Al menos, me impactó positivamente en un área. Me impulsó a moverme a una nueva experiencia y explorar el mundo desde un punto de vista más amplio.

Éxito: Dejando el hogar hecho un desastre y con grandes deudas (en miles de dólares americanos), escapé a una tierra lejana donde ninguno de mis deudores o ni aún el mismo sistema de justicia pudiera alcanzarme. Me establecí en ese lugar, abrí una compañía y empecé de nuevo. Esta vez el negocio me sonrió y tuve éxito. Mis logros me causaron orgullo y avaricia al ver cómo se multiplicaba el dinero. Me enceguecí y me convertí en una persona muy egoísta. Al mismo tiempo, algunos de mis familiares me informaron que si regresaba a mi país sería inmediatamente arrestado en el mismo aeropuerto. Esto no me era extraño, sin embargo, me hizo sentir triste el ser considerado una persona fuera de la ley. Fui el primero en toda mi familia de tener un record criminal.

Derrota: La mezcla de todas estas cosas me empujó a la aventura en algunos negocios “riesgosos”. Quería hacerme rico rápidamente para así, poder salir de todas mis deudas y tratar de ganarme una vez más el respeto de mis familiares, amigos y vecinos. Jugué con todo lo que tenía y establecí algunos riesgos peligrosos al crear enemigos. Mi tontería hizo que terminara derrotado y perseguido por uno de mis enemigos. Escapé nuevamente hacia otro país dejando, una vez más, absolutamente todo detrás de mí. Perdí mi compañía y muchas de mis pertenencias personales.

Estancamiento: Esta vez todas las circunstancias cambiaron y me volví duro. Traté diferentes posibilidades pero ninguna resultó. Empecé a sentirme como un pez luchando dentro de un pequeño recipiente con agua. Todas las puertas me eran cerraban en la cara y me encontré a mí mismo en un pozo profundo de desesperación. Muchas veces me tocó dormir en la calle y pasar hambre. Estaba grandemente humillado y perdí toda esperanza. Fui a la mezquita para tratar de hacer las paces con Alá, pero aparentemente, me rechazó. Mis hermanos Musulmanes me dieron la espalda y algunos de ellos hasta se burlaban de mí en mi cara. Sin vergüenza, tristeza y depresión, pensé en suicidarme, pero ni siquiera tenía el coraje de matarme.

Nueva Idea: Mientras me encontraba totalmente sin esperanza y sin mis planes ya que todos estos se habían desbaratado, me presentaron una idea brillante. Un conocido me sugirió que me asociara con Cristianos. Tal vez, ellos podrían ayudarme. Él me aseguró que a diferencia de los hermanos Musulmanes, los Cristianos me ayudarían y hasta me darían un trabajo. Sin importar los sentimientos que tenía contra ellos y contra el Cristianismo (y los Occidentales), me decidí a seguir el consejo de mi amigo, ir a la Iglesia y ver que podría suceder.

Nuevo Plan: No tenía idea acerca de las Iglesias y las diferencias entre estas. De todas formas, mi motivación no estaba en buscar una nueva religión o a Dios, sino en encontrar una forma para salir de mi situación tan turbulenta. Un Domingo en la mañana, encontré una iglesia en el periódico. Fui y asistí al servicio; y puedo decir que era muy diferente a lo que esperaba, pero lo disfruté. Durante esa primera visita no hice amigos, pero a las pocas semanas después ya tenía muchos amigos. La mayoría de los Cristianos en ese lugar eran amistosos y simpáticos entre sí. Me dieron la bienvenida a los servicios de la Iglesia y a las reuniones en sus hogares. Yo les dije que era Musulmán y me uní a muchas de sus actividades. Mi mala actitud hacia los Cristianos empezó a cambiar y empecé a apreciarlos. La necesidad de trabajo ya no era mi prioridad para ir a esa Iglesia sino más que todo, la amistad con las personas. También, empecé a pensar acerca de convertirlos a ellos al Islam.

Falsa Conversión: Después de un tiempo de explorar la Iglesia y por muchos motivos equivocados, decidí convertirme al Cristianismo y llamarme Cristiano. Fue una conversión externa porque en el fondo, todavía era Musulmán y seguía siendo la misma vieja persona. Cuando me bauticé y salí del agua, inmediatamente y en lo secreto confesé en mi corazón la Shahadah Musulmana (No hay Dios sino Alá y Mahoma profeta de Alá). Sin embargo, sólo Dios y yo sabíamos qué había en mi corazón en ese tiempo.

Trabajo: Casi al mismo tiempo que sucedieron estos hechos, nuestra iglesia abrió una nueva sede al otro lado de la ciudad. Como estaba buscando trabajo y la Iglesia necesitaba a alguien para servir como portero, el pastor me sugirió que aplicara por esa posición. No era la clase de trabajo que hubiera deseado tener, pero no tenía otra opción. Acepté y me sentí con suerte por tenerlo. Lo que me tocó profundamente fue la confianza que el pastor había depositado en mí. Colocó el edificio a mi disposición sin más preguntas o investigaciones. También me propuso que me mudara al edificio y viviera en la Iglesia para así, reducir mis gastos. Mis responsabilidades en el trabajo eran simples y fáciles de llevar a cabo, lo cual me permitía tener tiempo libre. Por lo tanto, me dediqué al estudio de la Biblia. Pensé que si podía manejar bien la Biblia, sería fácil para mí llevar a mis amigos Cristianos al Islam. Durante ese tiempo el pastor también se ofreció como voluntario para ser mi mentor. Encontré esto interesante y una buena forma para establecer la base de mi plan.

EL ESTILO DE VIDA DE UN MUSULMÁN

Conducta: Siempre fui irresponsable, egoísta y egocéntrico. Raramente admití algún error. Siempre tenía excusas para justificar mis acciones y culpar fácilmente a otros de mis malas acciones. Cuando llegaba el tiempo en que tenía problemas serios, simplemente me desaparecía y dejaba que otros se encargaran del problema. Además de mi conducta inmadura en tiempos difíciles, les causé problemas a muchas personas a las cuales también herí.

Moral: Sin importar la cantidad de mis pecados, con frecuencia me sentía orgulloso de mi propia justificación. Las veces que comparaba mis defectos con los de aquellos que me rodeaban, especialmente los religiosos, yo siempre pensaba que era mejor que muchos o más valioso que la mayoría. Como Musulmán y de acuerdo a la tradición del Islam, tenía la costumbre de creer que cada buena obra que llevaba a cabo, tenía el poder para cancelar diez de mis pecados. Mi religiosidad nunca me aburrió o me hizo sentir que le debía algo a Dios. Más bien, esto me hacía sentir orgulloso de mí y de mis obras.

Religiosidad: Mi fe y creencia en el Islam parecía estar realmente fuerte y firme. El Islam no era solamente una religión para mí. Era parte de mi cultura, identidad, orgullo y ser. Como la mayoría de los Musulmanes, disfrutaba discutir y argumentar acerca de cosas espirituales pero también era escéptico y no creía ingenuamente en todas las cosas. Hubo momentos en que me moví hacia el fundamentalismo y también hubo momentos donde moví hacia el ateismo. Cuando me establecí en el exterior, tuve una oportunidad de interactuar con personas de diferentes religiones y trasfondos culturales. Con frecuencia pensé que era una persona que buscaba conocer la verdad. Pero realmente, sólo estaba tratando de probarme de probar que era una persona correcta. En todo lugar, notaba que la verdad no estaba de mi lado y rápidamente me alejaba en otra dirección y me escondía detrás de múltiples excusas. También, estaba dejándome llevar por el miedo en mi corazón. Estaba temeroso de la maldición e ira de Alá si trataba de buscar la verdad más allá de lo que el Islam permite y enseña; además, estaba temeroso de rendirme a mi orgullo.

MIS PRIMEROS CONTACTOS CON EL CRISTIANISMO

La Monja Inteligente: Cuando era bebé adquirí una peligrosa enfermedad y mi madre tenía que dejarme en un hospital por tres días a la semana en la unidad de cuidados intensivos. La enfermera que me cuidaba era una monja Católica. Cuando me convertí en un niño mi padre muchas veces me dijo: “Esa monja salvó tu vida”. Nunca entendí por qué lo decía hasta después de muchos años. Cuando me convertí en Cristiano, vino a mi memoria la historia y entendí cuál era el mensaje de mi padre. Cuando estaba luchando entre la vida y la muerte en las manos de esa monja, ella oró por mí y el Señor le respondió. Le debo mi vida a esa monja y estoy muy agradecido por ese regalo de amor y oración.

La Monja Tonta: Cuando era adolescente, mi madre se enfermó y tuve que permanecer en el hospital (uno diferente de donde estuve) el cual estaba bajo la supervisión de otra monja Católica. Técnicamente, era una dura trabajadora pero tenía lo que parecía ser poca compasión o respeto hacia los demás. Debido a su mezquindad, todos la odiaban. Sin importar la cantidad de sus buenas obras, creo que la falta de amor hacia las personas destruyó su verdadero ministerio y no representó a Cristo. Todavía conservó un mal recuerdo de ella y me costaba trabajo el perdonarla.

El Debate Musulmán Cristiano: En una ocasión, un amigo me invitó a ver un video con él. Era acerca de un debate entre el famoso erudito Musulmán Ahmed Deedat y un apologista Cristiano. Todavía recuerdo el tema. Era acerca de cuál es la verdadera Palabra de Dios: ¿La Biblia o el Corán? El debate era entretenedor de la misma forma como era un encuentro de lucha libre, tan opuesto a un debate para encontrar la Verdad. Al final del debate, noté que ninguno de los dos había ganado y que tampoco me había beneficiado. En el exterior viví con dos extranjeros, uno era un Árabe (religioso en su exterior) y el otro era un Occidental (mundanamente Cristiano); al cual, nosotros, los Musulmanes, planeamos convertir al Islam. Tratamos arduamente para convencerlo que renunciara a Cristo y siguiera a Mahoma pero él estuvo “inflexible”. Durante mi último debate con él acerca del Cristianismo, especialmente en lo relacionado con la deidad de Jesús, finalizamos la conversación con algo así:

-Él me preguntó: “¿Crees que Dios es todo poderoso y que nada hay imposible para Él?”
-Contesté: “¡Claro que sí!”
-Entonces, me dijo: “¿Hubiera sido imposible para Él venir a la tierra y tomar forma humana?”

Antes de responder su reto, algo surgió y tuvimos que cambiar el tema. Más tarde, traté de encontrar una respuesta para demostrarle que él estaba equivocado pero no pude. Para evitar la pena, simplemente ignoré el tema debido a que éste estaba en contra de mi creencia Islámica. Nunca más volvimos a tocar el tema, pero en lo profundo de mi corazón, una semilla había sido sembrada.

Confusión: Después de mi conversión externa al Cristianismo, empecé a profundizar en la Biblia buscando claves que pudieran emparejar el Islam con el Cristianismo. Sin embargo y contrario a lo que pensaba, empecé a notar que la diferencia entre estos se profundizaba mayormente hasta el punto que no hubo ninguna forma de que estas dos religiones pudieran venir de la misma fuente. La idea Islámica que la Biblia había sido falsificada por los Judíos no me convenció más. Muy pronto, reuní una serie de observaciones y dudas que me confundieron. Básicamente, estas fueron:

  1. Si Alá es el nombre personal y verdadero de Dios, ¿Por qué no lo usó en la Biblia? ¿Y por que usó YHWH en la Biblia y no en el Corán?
  2. Es obvio que el Alá del Corán y el YHWH de la Biblia no pueden ser el mismo Dios. Son diferentes en ambos libros. ¿Cuál es el Dios verdadero o más bien, quién es Dios?
  3. ¿En qué lugar de la Biblia se menciona la venida de Mahoma y del Islam?
  4. Si el Corán y la Biblia son los libros de un mismo Dios, ¿Por qué se contradicen entre sí? (Tanto la Biblia como el Corán con frecuencia hablan de un ser celestial hablándole a los hombres en primera persona.)
  5. ¿Por qué los Cristianos afirman que Jesús es Dios y que Dios es trino? ¿Qué evidencia bíblica tienen ellos?
  6. Si Dios realmente existe y le habló a los profetas y todavía le habla a estos Cristianos, ¿No puede hablarle a alguien como yo, también?

En ese tiempo no podía hablar ni compartir con nadie mis preguntas. Además de mi miedo, todas esas dudas me mantenían atormentado en mi interior. Pensé que si nuestro pastor supiera que tenía esas dudas acerca del Cristianismo, me echaría de la Iglesia quitándome el trabajo. En ese momento, desconocía que esos temores eran una mentira de Satanás para mantenerme en la oscuridad y bajo su control. Nosotros siempre delante de Dios podemos ser honestos en nuestras dudas o preguntas.

LA INTERVENCIÓN DE JESÚS

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ROMPIMIENTO:

Buscando la Verdad: No podía seguir soportando el evitar la verdad y continuar jugando un juego sucio. Esta vez, decidí encontrar la verdad a cualquier costo. Ayuné por tres días seguidos sin comida, excepto agua, y por primera vez oré fervientemente desde lo profundo de mi corazón. Pronuncié el nombre del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Le clamé al Creador del universo, al Dios Eterno donde quiera que pudiera estar. Le pedí que me revelara la verdad y nada más que la verdad. Le hice una promesa que si Él me respondía mis preguntas y se me revelaba a Sí Mismo, seguiría Su camino aún si éste fuera diferente al Islam, al Cristianismo y al Judaísmo.

Hablando: Esperé por varias semanas pero parecía que nada estuviera sucediendo. Me volví muy ansioso y me deprimí bastante. Finalmente, decidí hablar y preguntarle directamente al pastor. Todavía recuerdo esa tarde de Sábado. Al final de nuestra reunión, le dije al pastor que no podía encontrar en la Biblia dónde hablaba acerca de Jesús siendo Dios o acerca de Dios siendo un Dios trino. Inmediatamente y de forma relajada y suave, abrió la Biblia y me dijo que mirara los siguientes versículos:

(Juan 10:30-33) [Jesús dijo]: “Yo y el Padre uno somos. 31Entonces los Judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. 32Jesús les respondió: ‘Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre: ¿Por cuál de ellas me apedreáis?’ 33Le respondieron los Judíos, diciendo: ‘Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú siendo hombre, te haces Dios.’”

(1ª Juan 5:7-12): [“7Porque tres son los que dan testimonio en los cielos: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.”] “8Y tres son los quedan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. 9Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. 10El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. 11Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

(1ª Juan 5:20): “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.”

La remoción del velo: Súbitamente, algo increíble sucedió. Parecía ser como si hubiera estado ciego o cubierto por un velo espiritual oscuro y entonces, empecé a ver. Al leer la Biblia una luz clara empezó a surgir dándome entendimiento. Las palabras de la Biblia se volvieron vivas y con poder mientras las leía. Aún más, empecé a decodificar los misterios escondidos del evangelio y las profecías simbólicas.

Primeras respuestas: En un período de lectura de tres días de las Santas Escrituras con la luz y  guía del Espíritu Santo pude descubrir muchas de las respuestas que estaba buscando. Por ejemplo: la Trinidad, la Deidad de Jesús, Su crucifixión, resurrección, etc. Aún más, el Espíritu Santo abrió mi vista espiritual para ver más allá del mundo natural como el discernir acerca de los tiempos y las visiones. Con relación al Islam, descubrir profecías bíblicas abrumadoras que fueron algo amargas de pasar. La respuesta más sorprendente fue acerca de Alá. Alá no es el “YHWH” de la Biblia sino alguien más.

UNA EXPERIENCIA ÚNICA

El mensaje: Estaba hermosa esa tarde del Lunes al principio de la primavera. El cielo estaba muy claro y azul. Estaba en mi tercer día de exploración en la Palabra de Dios. Cada vez que me sentía cansado me levantaba e iba a la ventana a disfrutar de la vista exterior. Durante uno de esos momentos de relajación y cuando levanté mi cabeza hacia arriba, hacia los cielos, algo extraño me empezó a suceder:

*Visión: Una luz brillante apareció viniendo del lado Suroeste. Parecía como una estrella que se dirigía hacia mí. Me sorprendí bastante ya que nunca antes había visto una estrella en el cielo durante el día y menos con el sol en todo su brillo. Rápidamente empecé  a pensar que podía ser un cometa que iba a golpear la tierra. En la medida en que se fue acercando y aumentando su brillo, empecé a sentirme más y más temeroso.

*Palabra: Regresé a mi Biblia y traté de buscar dónde se hablaba acerca de un cometa que fuera a golpear la tierra. Pero no sé cómo me encontré el pasaje de Apocalipsis 2:8-10. “El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto: ‘Yo conozco tus obras y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. 10No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” 

Inmediatamente después de leer la última frase miré a la estrella nuevamente y se detuvo. La observé detenidamente para ver si lo que estaba viendo era real o sólo una visión. Sólo puedo decir que la estrella era real y era la más grande y brillante que jamás había visto, especialmente durante la luz del día. Otra cosa asombrosa fue que la estrella permaneció en el mismo lugar toda la noche.

*Voz: Fuera del escepticismo que todavía tenía, decidí olvidarme de toda la cuestión. Coloqué mi Biblia a un lado y encendí la radio. Las primeras palabras que escuché saliendo de los parlantes eran exactamente estas: “¡Sí, es verdad! Todo lo que quiero es estar contigo. ¡Sí, es verdad, sí es verdad!” No puedo explicar cómo sucedió eso pero estaba totalmente convencido que Dios me había hablado. Entendí que la estrella era una señal para llamar mi atención y que el sonido que venía de los parlantes y que me estaba hablando era un medio para convencerme que lo que había visto era una visión real y que el mensaje que había leído venía de Jesús para mi vida en ese momento. Aún más, entendí que Dios es un ser que no solamente escucha y responde y hace milagros sino también Él es un Dios que busca desarrollar una relación muy profunda y muy personal con cada uno de nosotros. Él quiere tratarnos como amigos cercanos y no como esclavos. El mensaje que vino de la radio, me reveló que Jesús no sólo es Dios capaz de hacer cosas asombrosas y extrañas sino que es un Dios que también habla seriamente.

Significados: Una vez más miré en mi Biblia para examinar el pasaje cuidadosamente. Entendí que el transmisor del mensaje era Jesús y que me había hablado respondiendo a la mayoría de mis preguntas a través de esos tres versículos. Respectivamente, Jesús me comunicó que Él es definitivamente el Dios Eterno. Él realmente murió en la cruz y resucitó de entre los muertos. Me mostró que Él sabía todas las cosas acerca de mi pasado, presente y futuro. Me confirmó lo que había encontrado con relación al Islam. Me dejó conocer las consecuencias de seguirlo a Él mientras estuviera en este mundo. Me instruyó acerca de cómo vencer al mundo. Y Él me prometió una recompensa confirmando la realidad de ésta. La señal celestial de la estrella era para atraer mi atención y mostrarme que Dios quiere hablarme en persona. La voz, la cual me llegó a través de los parlantes de la radio era para confirmar que era el verdadero Jesús quien me había compartido el mensaje y quería invitarme a llegarme a Él.

Confirmación: Un año después, un evangelista vino a nuestra Iglesia a predicar. Mientras compartía el mensaje, súbitamente se volvió hacia mí y me profetizó el plan de Dios para mi futuro. Después del servicio me acerqué a él y le pregunté qué le había sucedido para decirme esas palabras. Noté que no entendía la razón de esto, excepto que sintió que Dios le puso esas palabras en su boca mientras las compartía. Su profecía fue una confirmación de que efectivamente era Dios quien me había hablado, ya que el contexto de la profecía del predicador era idéntica al contexto de la segunda parte del mensaje en Apocalipsis 2:8-10.

CONVERSIÓN VERDADERA

Renuncia del Islam: Esa noche del Lunes, había decidido renunciar totalmente al Islam, lo mismo que a mi nombre Musulmán y colocar mi fe solamente en Cristo, el único Dios verdadero y seguirlo para siempre. A la mañana siguiente, llamé a mi pastor y le conté acerca de mi decisión. También le sugerí que debía ser bautizado nuevamente. Al principio no estuvo de acuerdo en bautizarme otra vez, pero como insistí, decidió orar y buscar la dirección de Dios. Cuando nos volvimos a encontrar más tarde, me informó que estaba dispuesto a volverme a bautizar después que Dios se lo había confirmado. Juntos, fuimos a un lugar remoto y quemé todos mis objetos Musulmanes y regresamos a la casa del pastor para terminar el proceso.

Nuevo Nacimiento: Después de renunciar al Islam y rechazar todo aquello que me unía a éste, confesé mi pecado y recibí a Cristo como mi único Salvador, Señor y Dios. Esta vez mi confesión fue con fe y total seguridad en Jesús. Inmediatamente después, fui bautizado. El agua simbolizó mi muerte a mi pecado, el cual fue enterrado con Cristo. El salir del agua simbolizó mi resurrección a una nueva vida, una vida en Cristo Jesús. Durante el proceso sólo usamos mi apodo ya que mi antiguo nombre estaba en todas las cosas Musulmanes a las que había renunciado y quemado. Mi pastor, entonces, oró por mí, por la llenura del Espíritu Santo. Esta vez, sí fui realmente bautizado con fe en Cristo y me rendí a Él. Literalmente y espiritualmente había nacido de nuevo.

La llenura de Espíritu: Unos días más tarde, mientras estaba durmiendo en la noche, tuve un sueño donde veía fuego saliendo del cielo el cual entró en mi pecho. Sin embargo, no me hizo daño. Inmediatamente me levanté de la cama medio dormido y mi boca empezó a hablar en voz alta una extraña lengua. Traté de controlarla y detenerla, pero no pude. El fuego era una señal y el hablar en una lengua extraña era la manifestación de mi llenura del Espíritu Santo. Hubo otra vez que profeticé en lenguas pero también hubo otros momentos cuando sentí el poder del Espíritu Santo ungiéndome. Todavía es la hora en que no puedo describir exactamente algunos de esos momentos, excepto por el hecho que estos fueron muy reales. No sé porqué Dios me permitió pasar por esas experiencias, pero creo que una de las razones es debido a mi escepticismo y la falta de creencia en lo sobrenatural.

Realizaciones: Durante toda la semana siguiente y después de mi bautismo, mi apetito por la comida y los deseos por las cosas de este mundo, prácticamente, se habían ido. La mayoría del tiempo la pasé llorando como un niño. Mis lágrimas eran de pena y dolor por lo débil y tonto que había sido, el haber participado en perseguir a Jesús, mi Creador, Padre, Redentor y Dios. Entendí que no era de ninguna manera mejor que aquellos que habían flagelado y crucificado a Jesús, y sentía que de alguna manera había participado con ellos. Entendí que estaba completamente perdido y que al final iría al infierno si Jesús no hubiera tomado la iniciativa y me hubiera rescatado. Comprendí que toda mi vida había creído en mentiras y las había también promovido. La cosa más dolorosa fue entender que mis padres ya estaban casi en el infierno y que el resto de mis familiares y mis amigos se reunirían con ellos si no se volvían a Cristo. Al mismo tiempo, mis lágrimas eran de regocijo. No podía imaginarme cómo Jesús, aún el Padre celestial me amó, sin importar todas mis obras malignas, el odio y la burla contra Sus hijos y la blasfemia contra Él. Comprendí que había sido salvo y rescatado sólo por Su gracia y misericordia y que en nada había participado.

Sanidad inmediata: Inmediatamente después de mi conversión a Cristo, todo el odio y la amargura que había acumulado por años hacia el pueblo Judío y al mundo Occidental se había ido totalmente. También fui totalmente sano de un hábito, con el que había luchado por años sin haber tenido la fuerza para derrotarlo. Lo que fue más increíble en ambos casos, es que nadie, excepto Dios sabía de mi esclavitud. Nadie oró por mi sanidad en esos dos males secretos, de los cuales fui también sanado inmediatamente.

ENCUENTROS CON JESÚS

Mis otras experiencias: Después de mi conversión, tuve muchos sueños en los que tenía encuentros directos con Jesús. Lo había visto a Él como un Dios terrible y lo había visto como una persona sufrida y humilde. Él nunca me dijo directamente que era Jesús sino que a través de Su forma de hablar y de Sus ojos penetrantes, sabía en lo profundo de mi corazón que éste era Él.

No solo yo: Al principio, pensé que mi experiencia era una de las más grandes. Esta fue especial y única en su genero y la pude comparar con la historia de Moisés en la zarza ardiente o con la de Pablo en su camino a Damasco. Cuando más tarde leí y escuché los testimonio de los encuentros de algunas personas con Jesús, los de ellos eran más poderosos e increíbles que el mío. Uno de esos testimonio es el de la historia de una antigua mujer devota Musulmana Pakistaní. Ella escribió un libro acerca de la visita de Jesús a su vida y la sanidad milagrosa que había tenido. (“El Velo Rasgado” [“The Torn Veil”] por Ghulshan Fatima [Esther]. Publicación de Libros CLC.)

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PROCESO DE RENOVACIÓN

RESUMEN GENERAL:

Bendiciones múltiples: Han pasado tres años y medio desde mi conversión. Estos años han sido para mí un período de renovación y transformación en mi personalidad, carácter, pensamiento y conducta. Han sido también mis años de “seminario” en la escuela de teología personal de Cristo y discipulado, en donde he aprendido acerca de Dios a través de la experiencia directa. Antes de la terminación de éste, mi entrenamiento elemental, el Señor había cubierto mis necesidades y me había proveído la cantidad que necesitaba para cubrir mis deudas. Él había empezado a abrir la puerta para que obtuviera nuevos documentos y aún la posibilidad para cambiar mi nombre oficialmente. Él me proveyó con una esposa, la correcta, que estaba buscando, para que fuera mi compañera. Me dio una nueva familia y un número de familiares incontables y de nuevos amigos.
Hasta hoy estoy todavía en el trabajo como portero y vigilante en nuestra Iglesia. Mi llamado es también acerca de escribir artículos y materiales acerca del Islam y los Musulmanes. Este testimonio es una parte de mis trabajos escritos.

Quién es Cristo: Esta es una declaración verdadera: Que Cristo es siempre el mismo; ayer, hoy y mañana. Tanto en circunstancias difíciles como en las fáciles. Él es tan bueno todo el tiempo y Su misericordia y amor bondadoso se renuevan cada día. Nuestro Padre Celestial cuida de nosotros cada detalle en nuestras vidas y siempre está buscando lo mejor para nosotros. Él es también nuestro amigo fiel e incondicional que nunca nos falla, aún, si nosotros le fallamos.

Cristo mi Redentor: Sin Cristo en mi vida y en el centro de ésta, estaría totalmente desorganizada en una ruina total. Si Cristo no me hubiera salvado y protegido, hubiera terminado en una cárcel totalmente destruido y sin esperanza. Cristo me liberó de mis problemas y salvó mi vida, literalmente, de la destrucción. Cristo me ha dado una nueva vida abundante, llena de esperanza, paz y gozo. Cristo ha calmado mis aguas turbulentas en Su vid y la ha transformado en un jugo claro y limpio que fluye.

CONTINUARÁ…

CONCLUSIÓN

La mejor conclusión a la que pudiera llegar es la siguiente sección de la carta del apóstol Pablo a Timoteo (1ª Timoteo 1:12-17). “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, 13habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. 14Pero por la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. 15Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. 16Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de crecer en él para vida eterna. 17Por lo tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

Al-Gharib


Este artículo también está disponible en: inglés.

 

 

 

 
 
CARM ison