Penitencia

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Penitencia es, de acuerdo a la Iglesia Católica Romana, el sacramento de reconciliación que “reestablece una relación correcta entre Dios y el Católico encaminado.” Es algo que la persona hace. Penitencia es “siempre, por su misma naturaleza, una acción litúrgica, y por lo tanto una acción eclesial y publica,” (Catecismo de la Iglesia Católica, par. 1482) y consiste de la acción de gracias y bendición del sacerdote, lectura de la Biblia, “una exhortación al arrepentimiento”, confesión al sacerdote, la “aceptación de la penitencia,” absolución por parte del sacerdote, y una “oración de acción de gracias,” (CIC 1480). El Catolicismo Romano enseña que la penitencia “es necesaria para la salvación para todos aquellos que aun no han sido regenerados.” (CIC 980). La persona penitente debe, por su propia voluntad, someterse a los requerimientos de tener un corazón contrito, expresar una confesión verbal, y ser completamente humilde (CIC 1450). Es parte del proceso que restaura a la persona con la gracia de Dios (CIC 1468, 1496). Esto incluye obras de reparación (CIC 1491). Limpia a la persona para prepararla para la Confirmación, para que así reciba el don del Espíritu Santo (CIC 1310). Reconcilia a la persona con la Iglesia Católica Romana (CIC 1469). La Penitencia puede realizarse a favor de los muertos (CIC 1032). Y, “convirtiéndose a Cristo por la penitencia y la fe, el pecador pasa de la muerte a la vida” (CIC 1470).

De acuerdo al Nuevo Catecismo de San José de Baltimore, Vol. 1, 1969, p. 141, “Penitencia es el sacramento por el cual, los pecados cometidos luego del bautismo, son perdonados.” Para recibir el sacramento de la penitencia dignamente el Católico Romano debe primero, examinar su conciencia; segundo, estar arrepentido de sus pecados; tercero, proponerse en su mente no pecar nuevamente; cuarto, confesar estos pecados al sacerdote; y quinto, aceptar humildemente hacer la penitencia que el sacerdote le diga. Así, vemos que este llamado sacramento es una obra basada para obtener el perdón de los pecados por parte de Dios. Esto es una contradicción a las Escrituras. Una relación correcta y justa con Dios es adquirida por fe en el sacrificio de Jesucristo y no por nuestras obras, o por combinación de obras y la gracia de Dios, porque nuestras obras no son nada más que trapos sucios (Isaías 64:6).

  • “…y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,” (Romanos 3:24).
  • “…pues ¿Qué dice la Escritura?: Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia.” (Romanos 4:3).
  • “…pero al que no trabaja, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.” (Romanos 4:5).
  • “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo,” (Romanos 5:1).
  • “Con mucha mas razón, habiendo sido ya justificados en su sangre, por el seremos salvos de la ira,” (Romanos 5:9).
  • “Y si es por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no sería gracia. Y si es por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no sería obra.” (Romanos 11:6).
  • “…porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” (Efesios 2:8).

Como puede ver, la Biblia nos enseña que somos justos delante de Dios por la fe aparte de las obras. Notemos como la Biblia contrasta la fe con las obras, cuando se aborda el asunto de la justificación delante de Dios. La Biblia rechaza las obras de cualquier manera como medio de estar justificado delante de Dios. Pensarás que esto es claro para la Iglesia Católica Romana. Pero no es así. El Catecismo de San José de Baltimore, Vol. 2, 1969, p. 199, dice,

“El sacerdote nos entrega la penitencia luego de la confesión de manera que hagamos expiación a Dios por nuestros pecados, recibir ayuda para evitarlos en el futuro, y hacer obras de satisfacción por el castigo temporal debido a ellos.”

Lo que es sorprendente es que dicen que el sacrificio de Cristo en la cruz no es el foco de la expiación por nuestros pecados, sino que las obras del individuo a través de la penitencia. Esto esta en clara contradicción con las Escrituras que nos dicen que somos limpiados de nuestros pecados por la sangre de Cristo, no por nuestras obras.

  • “¿Cuánto mas la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14).
  • “Pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su hijo, nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7).

Las Escrituras nos enseñan que la sangre de Cristo nos limpia de TODO pecado, no algunos, no una parte, sino de todos. Esto incluye nuestros pecados del pasado, del presente, y del futuro, por lo tanto no es necesario que nuestros pecados sean perdonados a través de nuestros esfuerzos.

  • “No desecho la gracia de Dios, pues si por la Ley viniera la justicia, entonces en vano murió Cristo.” (Gálatas 2:21).
  • “Entonces, ¿La Ley contradice las promesas de Dios? De ninguna manera. Porque si la Ley dada pudiera vivificar, la justicia sería verdaderamente por la Ley. Pero la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuera dada a los creyentes.” (Gálatas 3:22).
  • “Y si es por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no sería gracia. Y si es por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no sería obra.” (Romanos 11:6).

La enseñanza Católico Romana esta incorrecta debido a que está en contra de las Escrituras porque utiliza la penitencia, obras que la persona hace, como medio para justificarse delante de Dios.

Expiación por los pecados

Recordemos que el Catecismo de San José de Baltimore, Vol. 2, 1969, p. 199, dice que la penitencia (una obra que tu realizas) hace expiación por nuestros pecados. Veamos lo que significa la palabra expiación.

De acuerdo al Diccionario Bíblico Harper, expiación es “la manera en que la cadena culpa – castigo producida por la violación de la voluntad de Dios, es rota, y al mismo tiempo resulta en un estado de reconciliación (expiación) con Dios” Y, “…el significado primario de la palabra “expiación” era la de “reconciliación de dos partes ajenas entre si.”

En el Antiguo Testamento, los sacerdotes hacían expiación por los pecados del pueblo: “Así hará el sacerdote expiación por ellos, y obtendrán perdón.” (Levítico 4:20). “Así hará el sacerdote expiación por el, por su pecado, y obtendrá perdón.” (Levítico 4:26). “El sacerdote hará expiación por el delante de Jehová, y obtendrá el perdón de cualquiera de aquellas cosas en que suele ofender.” (Levítico 6:7).

Vemos que la expiación trae perdón de pecados de acuerdo al Antiguo Testamento a través de un sacrificio realizado por un sacerdote. Pero el sistema del Antiguo Testamento ya no está en efecto en este caso debido a que Cristo ha venido y se ha ofrecido una sola vez y para siempre (Hebreos 10:10-11). Los sacerdotes del Antiguo Testamento no podrían limpiarnos a través de sacrificios animales (Hebreos 10:4). Estos sacrificios eran una representación del único y verdadero sacrificio efectuado por Cristo (Hebreos 8:3-5). Debido a que ahora tenemos el verdadero y único sacrificio, no necesitamos nada mas para hacer expiación por nuestros pecados por causa del sacrificio de Jesús en la cruz.

¿Podemos hacer expiación por otros?

Existe una idea de que otro puede hacer expiación por las personas. “Aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a donde está Jehová; quizá haga expiación acerca de vuestro pecado.” (Éxodo 32:30). Vemos esto explicado en el Nuevo Testamento también: “Tal Sumo Sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho mas sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo, porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a si mismo. La Ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles; pero la palabra del juramento, posterior a la Ley, constituye al Hijo, hecho perfecto para siempre.” (Hebreos 7:26-28).

Pero cuando vemos el Nuevo Testamento vemos que la obra expiatoria por los pecados esta centrada en el sacrificio de Jesús. Donde, así como el Antiguo Testamento tipificaba la expiación por venir, el Nuevo Testamento la lleva a cabo en la persona de Cristo. El Antiguo Testamento solo permitía a una persona (i.e., un sacerdote) hacer expiación por los otros para que sus pecados fuesen removidos (Lev. 4:20, 26; 6:7; etc.), el Nuevo Testamento enseña que solo Cristo es quien hace expiación por nuestros pecados y que además son quitados:

  • “El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. Por su herida habéis sido sanados.” (1 Pedro 2:24).
  • “…habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados…” (Hebreos 1:3).
  • “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados el pueblo.” (Hebreos 2:17).
  • “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Ciertamente, todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.” (Hebreos 10:10-12).

Conclusión

Podemos ver que el sistema Católico Romano de penitencias es anti-bíblico, un sistema basado en obras que mantiene a los Católicos sometidos a la legislación sacramental de la madre Iglesia. La Iglesia Católica Romana, en lugar de apuntar solo a Cristo para el perdón de pecados y reconciliación con Dios, enseña que las personas deben realizar obras para estar en orden con Dios. Por el contrario, hemos visto que las Escrituras enseñan claramente que nuestra posición y justificación delante de Dios no está basada en nada de lo que hacemos. Al contrario, dejando de lado nuestras obras, las Escrituras enseñan que somos justificados delante de Dios por fe. En otras palabras, es solo por la fe en Cristo, solo por su obra que somos justos delante de Dios. No hay manera  de que alguien sea capaz de remover sus pecados por ninguno de sus esfuerzos.

La Iglesia Católica Romana, debido a que añade obras al trabajo finalizado por Cristo para que seamos justos delante de Dios, está predicando un falso evangelio.

“Pero si aún nosotros o un ángel del cielo, os anuncia un evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguien os predica un evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema.” (Gálatas 1:8-9).

 

Este artículo también está disponible en: inglés.

 

 

 

 
 
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