Si Dios es inmutable, ¿cómo puede ser Jesús Dios en carne?

La inmutabilidad es la enseña de que Dios no cambia en Su naturaleza. Su carácter, conocimiento y existencia son sin variación. Dios siempre ha estado en todo lugar todo el tiempo. Él siempre ha sido santo, divino, omnisciente, omnipresente, omnividente, omnipotente y puro. Estas cosas no pueden cambiar en Dios debido a que son aspectos de Su naturaleza. Pero, ¿cómo reconciliamos la Encarnación de la Palabra/el Verbo—el cual era Dios—y la doctrina de la inmutabilidad de Dios? La respuesta descansa en entender las doctrinas de la Trinidad, de la Encarnación y de la relación de las dos naturalezas de Cristo.

La doctrina de la Trinidad declara que existe un sólo Dios en tres Personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. El Hijo—Jesús—es la Palabra/Verbo, hecho carne. Juan 1:1, 14: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 14Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” La Biblia nos enseña que Jesús tiene dos naturalezas: Dios y hombre. Esto es conocido como la doctrina de la unión hipostática. Jesús es todavía Dios y hombre, divino y humano, al mismo tiempo.

Jesús como una Persona existe con dos naturalezas. La naturaleza divina se “unió” con la naturaleza humana en la sola persona de Cristo. La naturaleza humana no cambió para nada en esta “unión”. Note por favor que la divina naturaleza no se combinó con la naturaleza humana y formó una nueva criatura llamada la naturaleza dios-hombre. Esto es incorrecto y es conocido como el monofisismo. Las dos naturalezas están “en comunicación” entre sí y los atributos de cada naturaleza están adscritos a la sola persona. Esto es llamado el “communicatio idiomatum”. Esta frase en Latín significa “comunicación de las propiedades”. En otras palabras, la sola Persona de Cristo “afirma” los atributos correspondientes a cada naturaleza. La prueba está en Juan 17:5: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” Note que Jesús, el hombre, está afirmando la pre-existencia y gloria que Él tenía con el Padre antes que el mundo fuese. Esto se debe a que Jesús, la Persona, tiene dos naturalezas, la divina y la humana, y que los atributos de la naturaleza divina estaban adscritos a la sola persona de Cristo.

La Palabra no Cambió

La Palabra no cambió al agregarle algo a Su naturaleza. Simplemente se unió con la naturaleza humana en la Persona de Cristo para que así dos naturalezas distintas existieran simultáneamente en Jesús. Esta es la razón por la cual Pablo dice: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,” Además, para que la inmutabilidad de Dios sea cuestionada, la Palabra tendría que haber cambiado a Sí Misma al mezclarse/fusionarse con la naturaleza humana en una tercera cosa. Esto significaría que “la Palabra/el Verbo” ya no sería más. Sería la naturaleza de “la PalabraHombre/el VerboHombre", la cual no sería ni divina ni humana, sino una tercera nueva cosa. Aún más, la doctrina de la Encarnación niega algún cambio en la Palabra/el Verbo divino. Esta doctrina simplemente declara que la Palabra se hizo carne; queriendo decir que no cambió Su naturaleza. La Palabra habita en la Persona de Cristo además con la naturaleza humana, así que Jesús tiene dos naturalezas distintas.

Podemos por lo tanto concluir que la Divinidad participa en la humanidad a través de la Encarnación de Cristo, pero que de todas formas y en ningún caso la Divinidad cambia.

 

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